Durante la semana, la comunidad puso sobre la mesa una problemática crítica: la violencia laboral normalizada. No se trata solo de conductas como burlas o exclusión, sino de que estas se vuelvan parte de la cultura. Un testimonio real evidenció cómo, tras intentar poner límites, una colaboradora fue objeto de burlas y terminó saliendo de la empresa en condiciones injustas. Este tipo de situaciones reflejan organizaciones donde lo incorrecto deja de cuestionarse.
El impacto es profundo: pérdida de confianza, deterioro del compromiso, bajo rendimiento y fuga de talento. El liderazgo juega un rol clave, ya que permitir estas conductas también es una decisión.
La reflexión es clara: lo que se tolera define la cultura. Un ambiente sano no se improvisa, se construye con intervención, límites claros y liderazgo consciente.