Las pandemias siempre han existido y han sido una parte integral de la historia humana. “En los últimos 2000 años han sido la regla, no la excepción —escribieron Klauss Schwab y Thierry Malleret en COVID-19: El gran reinicio, libro publicado en plena crisis sanitaria, en junio de 2020—.2 Debido a su naturaleza intrínsecamente disruptiva, las epidemias a lo largo de la historia han demostrado ser una fuerza para cambios duraderos y a menudo radicales: han provocado disturbios, enfrentamientos demográficos y derrotas militares, pero también han desencadenado innovaciones, redibujado fronteras y a menudo han allanado el camino para revoluciones”.
Todos estos hechos nos cambiaron y modificaron el paisaje de cada una de las sociedades en las que se produjeron, así como el covid se convirtió, de alguna manera, en una revolución de nuestro tiempo. Nos marcó en forma indeleble y nos llevó a mirarnos de nuevo a nosotros mismos y pensar en la necesidad de transformarnos para adaptarnos y enfrentar las nuevas circunstancias, en la urgencia de parar a fin de hacer un gran reinicio, un “gran reset” de todos y de todo.
Me gusta mucho esa idea del “reinicio” planteada por Schwab y Malleret en su libro y me parece de gran importancia el alcance que se quiso darle posteriormente. Schwab, fundador y hasta enero de 2025 presidente ejecutivo del World Economic Forum, WEF, la retomó y logró que el Foro —que reúne cada año a cientos de líderes de gobiernos, empresas y la sociedad civil en busca de plantear soluciones a los problemas del mundo— se la jugara lanzando en junio de 2020 una propuesta global de hacer un “gran reinicio del capitalismo” que nos llevara a pensar y actuar conjuntamente “para enderezar todos los aspectos de nuestras sociedades y economías”.
Aunque —como estamos viendo cinco años después— ese gran reinicio está aún lejos de darse, en su momento el Manifiesto del Foro de Davos de 20203 marcó un hito en el mundo económico y empresarial y sirvió de escenario para debates que se activaron tras la pandemia y que siguen siendo fundamentales hoy. Creo que fue una propuesta radical en un escenario radical como el que vivimos, y una invitación concienzuda a aprovechar la crisis global generada por el covid para recuperar el rumbo porque —como lo dicen Schwab y Malleret— no solo la crisis mundial desencadenada por la pandemia del coronavirus no tiene paralelo en la historia moderna, sino que “es nuestro momento decisivo, estaremos lidiando con sus consecuencias durante años, y muchas cosas cambiarán para siempre”.
Y es que, como bien lo explican estos dos autores a lo largo de las páginas de ese libro, que a la luz de hoy resulta demasiado optimista pero que en su momento fue un llamado a reimaginarnos y reinventarnos como respuesta a la crisis, lo cierto es que las pestes han sido, en gran medida, detonantes de los cambios del planeta.
Si lo vemos con detenimiento, de las grandes catástrofes humanas han nacido también las más originales soluciones surgidas del talento humano y de su permanente lucha por sobrevivir. Como me lo decía Malleret —PhD en economía, cofundador del Monthly Barometer y a quien busqué en su casa en Francia para que me ampliara esa tesis del gran reinicio—, “está comprobado históricamente que las pandemias pueden sacar lo peor de la gente, pero también lo mejor”.
Basta revisar un poco la historia, como ellos lo hacen juiciosamente, para poder poner en perspectiva lo que vivimos en 2020, y así poder entender el impulso que nos forzó a buscar salidas y que activó la resiliencia que teníamos guardada. De muchas de esas batallas por la supervivencia nacieron algunos de los grandes inventos y prácticas que nos han salvado y prolongado la vida. Desde la canalización de las aguas en las ciudades, pasando por el torniquete, la penicilina, las vacunas preventivas y la higiene personal, por mencionar tan solo unos cuantos ejemplos.