La reconfiguración del espacio



Por cuenta del encierro y contra natura, nuestra casa pasó a ser el escenario de todo. Reconfiguramos y aprendimos a hacerlo todo desde allí. La conexión a internet se convirtió en nuestro respirador artificial.


Estar en casa permanentemente durante la pandemia nos exigió darles nueva forma a nuestros espacios. Nuestro hogar dejó de ser el lugar dedicado al descanso y pasó a convertirse en el escenario de todo lo que sucedía en nuestras vidas, en el refugio para cualquier tempestad.

Y así como en un momento dado entendimos que la cocina ya no podía ser un espacio cerrado, sino que hacía parte de nuestra vida social y empezamos a fusionarla con el living, el lugar para trabajar se fue convirtiendo en un espacio vital de la casa. La necesidad de un espacio designado específicamente para conectarnos con nuestro trabajo dejó de ser un lujo de pocos para convertirse en una necesidad de muchos.


No por nada el segmento de remodelación de las tiendas de departamento tuvo un crecimiento sin precedentes durante la pandemia y aún hoy se mantiene. Leroy Merlin, una multinacional francesa con presencia en casi toda Europa (una suerte de megaferretería al estilo de Home Depot), dice que, a los esfuerzos de renovación en los hogares para la ampliación de terrazas, balcones, mejora de cocinas y baños, se ha sumado algo clave en estos tiempos: los aislamientos térmicos y acústicos.4


Pero estos no fueron los únicos cambios en el diseño de los espacios que nos dejó el confinamiento. Solo debemos mirar alrededor nuestro para constatarlo. El habernos visto privados de contacto con la naturaleza por tanto tiempo, nos llevó a muchos a tratar de integrar elementos naturales en los diseños de nuestras casas, tanto en el material de los muebles como en las superficies, y a darles una gran importancia a los jardines y zonas verdes en nuestros entornos más cercanos.


Y aunque pasada la pandemia las oficinas se reactivaron por presión de los jefes o por hartazgo, nada parece indicar que las cosas volverán a ser como antes del 2020. Lo veo en los grandes centros urbanos, donde importantes edificios de oficinas han cambiado de uso para convertirse en espacios de coworking, hoteles o viviendas.


Aseguran los expertos que pasará por lo menos una década más antes de que la demanda por este tipo de espacios regrese a los niveles de 2019, mientras el mercado mundial de los dedicados al coworking se calcula que llegará alrededor de los 73 mil millones de dólares en 2032.5


Es por ello por lo que los urbanistas sugieren adoptar, también en los espacios, modelos híbridos donde se combinen distintos tipos de uso. ¡Incluso a la arquitectura se le pide adaptabilidad y flexibilidad! Y las oficinas no tendrán tampoco por qué ser solo un lugar para trabajar. También pueden ser un espacio donde los empleados disfruten pasar el tiempo y puedan participar en eventos y actividades interesantes. “Para los pisos —al igual que para los edificios y los vecindarios— convertir los espacios vacíos en lugares híbridos puede no ser simplemente una forma de contrarrestar el daño causado por la pandemia. Podría ser una forma de preparar las ciudades para un futuro dinámico y próspero”, asegura el McKinsey Global Institute en uno de sus estudios sobre el tema.6


De eso mismo me hablaba Richard Florida, uno de los urbanistas más reconocidos en el mundo y autor del bestseller La clase creativa, publicado en 2002. En medio de la pandemia y el encierro, Richard me explicaba que en un escenario poscovid ya no habría que pensar en oficinas sino en “un nuevo ecosistema del trabajo, teniendo en cuenta el trabajo remoto y la necesidad de proveer espacios destinados a la tecnología, el entretenimiento y todo lo demás”.

Lo estamos viendo. A medida que el trabajo online y el comercio electrónico se van acomodando en nuestra nueva vida pospandemia, estos espacios de los que habla Richard —ubicados mayormente en las zonas suburbanas de las grandes ciudades del mundo— están siendo reconvertidos en lugares de trabajo y entretenimiento para las personas que viven en la zona con el fin de que ya no tengan que desplazarse durante horas para ir a laborar en el centro de la ciudad.


Richard también hizo cambios fundamentales en su propia vida. Decidió mudarse al estado que lleva su apellido, el estado de la Florida en Estados Unidos, como consecuencia del replanteo que se hicieron millones de personas como él, que buscaron que el equilibrio laboral y de vida se combinara con naturaleza y bienestar.


Por ello, no es gratuito que Miami y el estado de la Florida en general se convirtieran en grandes receptores de contingentes de personas que se mudaron allí sin dudarlo. “No solo es un tema de reconfiguración de espacios físicos sino la adaptación de todos los servicios subterráneos que deberán adaptarse. Si vamos a trabajar en el lugar donde vivimos, vamos a pasar más tiempo allí y por consiguiente vamos a usar más servicios básicos como los sanitarios.


Los edificios de viviendas están pensados para que los inodoros, por ejemplo, sean utilizados una cantidad de veces por día, pero si todos vamos a vivir en casa y estar ahí más tiempo, tenemos que reconfigurarlos. El sistema de agua y cloacal va a colapsar”, me decía Richard sobre las consecuencias de estas transformaciones.


Al igual que el urbanista Florida, Ben Pring, cofundador del Centro Cognizant para el Futuro del Trabajo, aseguraba en el estudio The Timeline of Next (2021) que “en el futuro, una oficina jugará tres roles: una sala de exposiciones, un laboratorio de Investigación y Desarrollo y un lugar para la fiesta. El laboratorio será donde la salsa se cocina, donde los relojes y los móviles y los implantes cerebrales se sueñan y se diseñan para ser luego expuestos. Y como espacio para la fiesta, se realizará el encuentro mensual social/de reuniones colaborativas (en lugar de la anual que tradicionalmente organizan las empresas) que tienen como fin desarrollar una cultura, una red y un vínculo”.7 Nada más cierto, pues ya lo estamos viendo.


El cambio no ha sido solamente en el cómo sino también en el qué. “Las habilidades están cambiando constantemente. En este momento hay millones de personas trabajando, por ejemplo, en las redes sociales (y ahora en inteligencia artificial) y esos son empleos que no existían hace 15 años, todos son trabajos nuevos”, me decía el futurólogo Gerd Leonhard, pensador suizo-alemán especializado en el impacto de la tecnología en la humanidad y una de estas personas que dedican su vida a revisar patrones de conducta para imaginar cómo podría ser el después.


Apenas levantados los confinamientos y en su estudio en Zúrich, encontré a este pensador alemán que se ha convertido en una especie de rockstar que defiende a capa y espada la sabiduría de las masas. Me decía que “la capacitación, los cambios constantes y la colaboración permanente deberán ser parte ahora de la oferta laboral. A muchos empleadores les resultará muy difícil retener a la gente cuando la empresa no ofrezca algo realmente atractivo y, en su lugar, te digan que tienes que estar en la oficina a las ocho en punto”, me insistía con la visión y asertividad que lo caracteriza. Una profunda transformación en el escenario laboral a la que nos referiremos en mayor profundidad más adelante y que, sin duda, nos ha hecho otros.