Durante la pandemia nos mandaron a casa y nos encerraron a todos, sin excepción. Incluso en algunos países, el que se atrevía a salir corría el riesgo de ser sancionado por la ley. En sitios como el estado de la Florida, donde el confinamiento no fue tan drástico, quienes iban a la oficina eran vistos con malos ojos, como una especie de anticristos.
Ello significó un cambio radical en el campo del trabajo. Todos estábamos perdidos y parecíamos una veleta sin control, unos sin saber cómo manejar las empresas en esta nueva situación, otros, aterrados frente a la incertidumbre de no saber si tendrían trabajo al día siguiente. Sin saber a ciencia cierta cuánto duraría el confinamiento y con la convicción de que sería una cuestión de semanas, intenté tranquilizar a la gente de mi oficina y minimizar la situación. Sin embargo, esa imagen del aeropuerto de Miami completamente vacío me daba vueltas en la cabeza y me hacía pensar que quizás las cosas eran más graves de lo que creía.
Me convencí pronto de que era necesario un plan de trabajo online. Como en la mayoría de las oficinas, enviamos a los empleados a su casa, los dotamos de las herramientas tecnológicas necesarias, y empezamos todos a teletrabajar. Para mí, que soy de contacto personal y estaba acostumbrado a moverme permanentemente de un lado a otro del mundo, encerrarme en casa a sostener reuniones virtuales con mis clientes significó un cambio radical que me costó muchísimo, pero lo hice, como todos lo hicimos. No teníamos alternativa y, afortunadamente, nuestro tipo de negocio nos lo permitía. Lo que no calculamos en ese entonces —porque no teníamos idea de cuánto se prolongaría el confinamiento y cuánto nos afectaría— fue la dimensión del cambio que eso representaría en el escenario laboral.
Para Martín Migoya, este era también uno de los grandes interrogantes al comienzo de la pandemia. “¿Cómo vamos a hacer las empresas para lograr que la gente, a pesar de que trabaje desde su casa, se encuentre? ¿Cómo van a tener que ser las oficinas para adoptar este nuevo formato? ¿Cómo vamos a poder recrear esos entornos sociales?”, se preguntaba cuando hablamos.