El teletrabajo al que nos vimos forzados durante el confinamiento demostró, indiscutiblemente, que habíamos estado viviendo con modelos de presencialidad caducos que hoy están muy revaluados y que la presencialidad no era una fórmula infalible para la eficiencia empresarial. Ezequiel Glinsky, General and Customer Success manager para Latinoamérica de la gigante tecnológica Microsoft, en un muy interesante intercambio de ideas unos meses después de terminada la pandemia, nos decía que en una encuesta realizada dentro de la compañía, el 73% de los empleados consideraron que la productividad de la empresa se mantuvo durante ese periodo e incluso mejoró, lo que según él desmontó “muchos fantasmas y dudas respecto de qué pasaría si no íbamos a las oficinas”. Y ya comprobamos que muchos cargos pueden desempeñarse de esta manera.
Y si esto ya marcaba una tendencia clara, conversar con Gerd Leonhard —de quien hablamos en el capítulo anterior; una de esas mentes que se adelantan al tiempo para advertirnos hacia dónde vamos— me hizo ver con más nitidez la importancia de exaltar la inteligencia de lo colectivo, sus intuiciones y búsquedas. De hecho, Leonhard —observador incansable del cruce entre tecnología y condición humana— me pareció la persona ideal para ayudarme a entender el momento por el que estábamos transitando durante el covid y sus ideas sobre la esfera del trabajo me resultaron muy reveladoras: “Básicamente cada aspecto del trabajo cambiará, empezando porque es posible que ni siquiera tengamos un trabajo. Podrá ser, en su lugar, una misión o un contrato para realizar una actividad para la que me paguen por las horas que emplee para ello. Algo así como ser freelance, pero con un sistema social funcional”. Nada más visionario, como constatarán unas páginas más adelante…
Al seguir haciendo de arqueólogo y buscando pistas que me dieran luces sobre los cambios que nos generó esta revolución de la pandemia, me encontré también con Orlando Ayala, que trabajó en Microsoft durante 24 años y de quien se decía que le hablaba al oído a Bill Gates y ocupaba la oficina de al lado de la del fundador de Microsoft. En una larga charla desde su casa en el estado de Washington me decía a finales de 2022 que, sin duda, “el trabajo híbrido es un hecho y no va a volver a ser completamente desde la oficina porque con él vas a tener oportunidad de conseguir talentos con los que antes no podías contar. Ese es uno de los aspectos más radicales. La interacción digital se va a quedar en una gran medida, especialmente en ciertos trabajos que permiten hacerlo perfectamente”. Y así ha sido…