Estas transformaciones, sin embargo, conllevan a otras de diversos matices. La llegada de todos estos nuevos nómadas, cuantificada en crecimiento de la demanda de acomodamiento y servicios, ha originado un gran impacto en los precios en todo lugar adonde se establecen y se está convirtiendo en la expresión más pura de la gentrificación. En ciudades como Medellín —un destino muy atractivo para estos nuevos ciudadanos por su clima de eterna primavera y el bajo costo de vida frente a los Estados Unidos, Europa o Asia—, los Airbnb ya están cobrando en dólares la estadía; y en Ciudad de México, barrios como los populares Condesa y Roma están expulsando a sus habitantes más tradicionales porque la renta se ha vuelto impagable.
Es el mundo al revés. Si por años, millones de mexicanos buscaban cruzar la frontera para llegar a los Estados Unidos, hoy hay también un fuerte movimiento en sentido contrario. Según el artículo “La gentrificación avanza en ciudades de América Latina”, en tan solo un año, de 2022 a fines de 2023, el alquiler en estas colonias mexicanas aumentó casi un 70% hasta rondar los 1.500 dólares mensuales, mientras la solicitud de visas de residencia temporal de los estadounidenses en México ha aumentado cerca del ciento por ciento entre un año y otro.9
Por otra parte, un hecho tan curioso como que la popular cantante colombiana Karol G le haya compuesto una canción a Provenza, una famosa calle de Medellín de donde ella es oriunda, popularizó aún más esta ciudad del centro de Colombia y la llenó de nuevos visitantes. Hoy pasar por esa calle de noche es transitar por un pasaje cosmopolita, colmado de bares y tiendas donde se entremezclan jóvenes que parlotean en una gran variedad de lenguas.
Ese tipo de dinámicas indudablemente nos están cambiando y también a las ciudades, la conformación de sus habitantes, su manera de vivir, su economía, sus costumbres y aficiones, así como lo que se busca y ofrece en términos de servicios de todo tipo… En fin, se trata de un nuevo tipo de migración temporal que ha irrumpido abruptamente y que —por lo que significa y también por su temporalidad, que la hace impredecible e indeterminable— representa un gran desafío para las urbes, sus pobladores y administraciones.
¿Cómo planificas una ciudad si no sabes quiénes ni cuántos serán sus habitantes en el futuro próximo? Se trata de una arista más de esa era del unknown, de lo desconocido, a la que nos empujó la pandemia y otro campo en el que, también, somos otros.