Si de desafíos estamos hablando, uno muy real en estos tiempos es el que representa la amenaza microbiológica que, en el mundo actual, es mucho más peligrosa de lo que habíamos imaginado, después de que ese virus aéreo, invisible y mutable, tuvo la capacidad de someternos a todos en pocas semanas y desplegarse por el planeta entero en cuestión de pocos meses. Con la espada de Damocles apuntándole a la humanidad entera y la incertidumbre por la supervivencia de la especie, también en el terreno de la ciencia se produjo una aceleración, nunca antes vista, para encontrar la fórmula que detuviera al monstruo.
Es así como dos días después de la declaratoria de pandemia, el ajedrez farmacéutico global ya estaba moviendo sus fichas. Fue una carrera contra el tiempo en la cual la velocidad y la capacidad para destinar recursos lo marcó todo. Y es que si cuando la gripe “española” o “porcina” de 1918 se propagó con fuerza devastadora, al virólogo Richard Edwin Shope le tomó 13 años probar que esta epidemia asesina había sido producida por un virus, en el caso del covid la ciencia lo hizo en tan solo 20 días, lo que permitió que rápidamente los científicos de diversas partes del mundo se pusieran a trabajar en cómo combatirlo.
Tras la secuenciación del virus a finales del 2019, se armó todo un tablero de actores moviéndose estratégicamente a la manera de un emocionante juego de Batalla Naval y a una velocidad nunca antes vista. Sin saberlo, en los laboratorios del planeta y en las salas ovales de todos los gobiernos, se estaba llevando a cabo algo sin precedentes en la historia: la unión de recursos —humanos, científicos y financieros— provenientes del mundo entero, con el único objetivo de salvar a la humanidad de la amenaza de muerte que se cernía sobre ella.
Si para ello había que probar nuevas formas de hacer ciencia, era el momento para hacerlo. En marzo de 2020 ya se estaban ensayando cuatro prototipos de vacunas en seres humanos. En abril estaban en desarrollo 115 candidatas y en julio 218… el resto, ya es historia. Y todos fuimos sus testigos.