Para entender la dimensión de este logro en tiempo récord, busqué cuánto tiempo se habían tomado otras vacunas esenciales para nuestra salud como la de la polio, que se demoró 20 años; el sarampión, 9 años; el rotavirus, 22 años; la malaria, 31 años; el virus del papiloma humano, 15 años; el ébola, 5 años y para el VIH aún no se ha encontrado una vacuna, a pesar de que se viene investigando desde 1985.
El resultado de este esfuerzo ha sido tan trascendental que The New York Times llegó a llamar a este tiempo que estamos viviendo “La Edad de Oro de la Medicina”,1 en gran medida debido al ARNm, esa molécula mensajera que revolucionó el mundo científico al punto de haber producido a velocidad luz la vacuna que nos salvó la vida, y por la cual los doctores Katalin Karikó y Drew Weissman merecieron en 2023 el Nobel de Medicina, el mayor reconocimiento científico del planeta. “Los descubrimientos de los dos premios Nobel fueron fundamentales para desarrollar vacunas de ARNm eficaces contra la covid-19 (…) durante una de las mayores amenazas a la salud humana en los tiempos modernos”, destacó el jurado.2
Haber producido una vacuna en tan corto tiempo no solo constituyó un hito epidemiológico sin precedentes, sino que además abrió el camino hacia nuevas formas de investigación para enfrentar otros minúsculos enemigos invisibles y avanzar positivamente en el desarrollo de tratamientos contra enfermedades como el cáncer, anemias graves y el alzhéimer.
Esta nueva realidad impuso una nueva agenda en la industria farmacéutica en donde la inteligencia artificial (IA) y el blockchain (el mismo método con el cual se hacen las criptomonedas y que en el campo médico da a los pacientes un mayor control de sus datos sanitarios, permitiendo a los profesionales su acceso o bloqueándolo) seguirán marcando la parada en la innovación e investigación científica. Hablar de moléculas diseñadas por la IA o de la automatización de ensayos clínicos también por medio de IA, como lo hemos visto en estos últimos cinco años, será cada día más frecuente en el desarrollo de nuevos fármacos.
No es gratuito que la velocidad de estos procesos se haya incrementado en un 70% comparada con el ritmo con el que se trabajaba en los laboratorios hace cuatro años. Al utilizar modelos predictivos y analíticos de IA, los laboratorios pueden procesar muy rápidamente lo que se conoce sobre los trastornos e identificar a los pacientes más idóneos para los ensayos científicos. Toda una revolución en el campo de la investigación médica que, con justicia, amerita que estos tiempos se consideren como una era dorada en este campo.