Empujando los límites



Durante la pandemia tuvimos la oportunidad de oír sobre la sorprendente operación del doctor Joseph Okello Damoi, jefe de cirugía del Centro Quirúrgico de Kyabirwa, a tres horas de Kampala (la capital ugandesa), quien practicó cirugías laparoscópicas junto a un colega en Nueva York.3 Los dos médicos colaboraron en tiempo real en Realidad Mixta (una mezcla de medios físicos y virtuales que permite interacciones 3D usando programas como Microsoft Dynamics 365 con asistencia remota, HoloLens 2 y Microsoft Teams), haciendo incluso anotaciones sobre el cuerpo del paciente a distancia, como si estuvieran juntos en la misma sala. Fue alucinante saber que eso estaba pasando mientras todos estábamos encerrados. Algo que, por supuesto, les dio nuevas alas a las ciencias médicas.


Aunque podía parecer perfectamente una escena de algunas de las popularísimas series de médicos que nos devoramos en streaming como ER, Nip Tuck, Grey’s Anatomy, Dr. House o New Amsterdam, su hazaña tuvo lugar fuera de esas pantallas. Se trató de un programa de cirugía a distancia promovido por el Sistema de Salud Monte Sinaí, de Nueva York, que durante la crisis sanitaria vio en la telemedicina una oportunidad para poder aprovechar la experiencia de sus médicos y científicos en zonas donde los pacientes no tienen acceso adecuado a servicios quirúrgicos.


Esta plataforma híbrida, en donde la comunicación de nuevo juega un papel esencial como canal, es indudablemente un aporte a la ciencia que el encierro potenció y que podría contribuir a aliviar la falta de acceso a atención quirúrgica que se calcula afecta a 5 mil millones de personas. Aquí pudimos ser testigos de la increíble aceleración tecnológica que vivimos en estos tiempos de pospandemia.


Y si esto ya era increíble, lo que sucedió el 26 de enero de 2022 siguió empujando los límites del alcance humano: la primera cirugía automatizada del robot STAR que se llevó a cabo en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore. En cuatro cirugías que abren un umbral de esperanza inmensa para la humanidad, STAR ligó los dos extremos de los intestinos de un cerdo obteniendo resultados incluso mejores que los practicados por manos humanas.4


Además, en junio de ese mismo año se realizó el primer trasplante de oreja mediante impresión 3D, utilizando las células del mismo paciente,5 innovaciones que para poder anticipar, por ejemplo, el desarrollo de la vacuna en mujeres embarazadas. Es algo que, obviamente, no se hubiese hecho nunca de esa manera porque tienes que ser muy secuencial... Fue parte de la colaboración interna que logramos para poner todas las piezas del rompecabezas juntas. Esto cambió completamente el proceso y transformó la forma en que hacemos ciencia hoy”.


Esa transformación es un hecho y ya no habrá reversa en este campo. Aunque nos quedan muchas lecciones para enfrentar nuevas pandemias, sobre todo en la distribución equitativa de las vacunas, también quedó en evidencia la utilidad de la sinergia entre los recursos públicos y los fondos privados, y entre los laboratorios experimentales, las multinacionales, la academia y los centros de investigación, tanto de las universidades como de los países. Todo un andamiaje sin el que no habría sido posible esta tarea.