Monitoreados y longevos



Ante la amenaza que representaba el virus, pronto entendimos que la vida se nos podía ir de las manos en un segundo. Fue durísimo ver que quienes estaban enfermos antes de la pandemia, sobre todo con afecciones relacionadas con la obesidad y los problemas cardiovasculares y respiratorios, estuvieron más amenazados y murieron en un mayor número, como se vivió en los hospitales de todo el mundo y lo comprobaron posteriormente numerosos estudios. Pero también constatamos que podíamos recuperar nuestra salud y protegerla si nos cuidábamos, lo que nos llevó a velar más por nosotros mismos. Otra de las buenas cosas que nos dejó la pandemia.


Ya la pantalla nos tenía hipnotizados en el encierro, así que a través de ella empezamos a encontrar que, poco a poco, se iban configurando comunidades digitales de entusiastas del deporte que, a falta de poder ir al gimnasio y aburridos por la soledad y un sedentarismo que ya empezaba a pesar, se iban citando a través de Instagram, Facebook y otras redes para seguir muy juiciosamente las clases que algún entrenador personal dictaba desde San Pablo, Barcelona o Nairobi.


No se trataba solo de una cuestión de salud, el deporte online también fue nuestro espacio de socialización, esa red que nos juntó en el propósito compartido de mantenernos en pie, sanos y salvos. Cuentas como las de las influencers del fitness Kayla Itsines (16 millones de seguidores en IG) y Patry Jordan (13,2 millones de suscriptores en YouTube y 1,4 millones en IG) se dispararon durante el 2020. Y ni qué decir de 54D, el programa diseñado para perder peso y, como lo anuncian en su página, “ayudarte a hacer cambios completos a largo plazo”. “Tendrás apoyo de tus entrenadores y de nuestra comunidad en cada paso. Con 54D nunca estarás solo, porque tienes apoyo y motivación para ayudarte a alcanzar tus metas y conseguir los resultados que quieres en 54 días”8 es la promesa con la que se convirtieron en un hit que logró que, durante la pandemia, más de 125 millones de personas se conectaran gratuitamente a las sesiones grupales y quedaran, allí, cautivados.


La salud y el bienestar se pusieron tan en primer plano y era tan evidente nuestra necesidad de reconexión interior, que nacieron o se consolidaron numerosas apps de yoga, meditación y buen dormir (recuperar el sueño… uno de los pendientes de la pandemia, que alborotó el insomnio). En las redes podemos hoy encontrar una oferta variada y de acuerdo con nuestro gusto, que los algoritmos han ido identificando. Si bien esta ya era una tendencia antes de la pandemia, fue durante el confinamiento cuando fuimos conscientes de su necesidad y utilidad, lo cual, naturalmente, disparó el consumo de artículos deportivos. Su crecimiento entre 2020 y 2021 fue del 14%, más del doble de la tasa de crecimiento de año a año entre 2015 y 2019.9


Las cifras hablan por sí solas. En 2023, la industria de aplicaciones de salud generó 3,43 mil millones de dólares, un aumento del 10% en comparación con el año anterior, mientras las aplicaciones de salud se descargaron 379 millones de veces y tuvieron 311 millones de usuarios.10 Esto va de la mano con que hubo médicos que se volvieron estrellas de la red e influencers muy reputados a los que miles les siguen la pista y los consejos al pie de la letra.


Curiosamente, es detrás de la pantalla donde muchos pacientes sienten cercanía y hablan francamente, lejos del silencio impuesto de los consultorios. Es el caso de Andrew Huberman, profesor de neurobiología y oftalmología de la Universidad de Stanford, quien en 2021 abrió su canal de YouTube y el podcast Huberman Lab, que promociona como un lugar en “donde hablamos de ciencia y de herramientas científicas para el día a día”.11 A abril de 2025,

Huberman había alcanzado 7,4 millones de seguidores en Instagram, 6,8 millones en su canal de YouTube y su podcast era uno de los más populares. O el de Carlos Jaramillo, especialista colombiano en medicina funcional y residente en Miami, quien con El milagro metabólico, todo un bestseller, tenía en esa fecha más de cinco millones de seguidores en YouTube, para quienes sus instrucciones semanales son como si fueran misa.12 Como ellos, hay muchísimos doctores muy populares que, desde distintos rincones del mundo, se comunican con sus pacientes a través de sus propias plataformas o las redes sociales. Toda una revolución en el campo médico.


Estos hombres y mujeres, cientos de especialistas del mundo entero, entendieron que la comunicación científica a través de las pantallas era un buen camino para acercarse a la gente, ir un paso más allá del consultorio y ayudarnos a reducir la ansiedad y la desinformación. Pero fue la pandemia la que les permitió florecer y también el encierro el que nos abrió la mente para prestarle atención a estas voces. Ante la necesidad permanente de respuestas, nuevamente la tecnología salió en nuestro auxilio, nos brindó el camino más expedito para obtenerlas y, también en este terreno, médicos y pacientes aprendimos a ser otros.