La urgencia como motor de la transformación



Como suele suceder en las crisis, quienes con ingenio, audacia y persistencia logran superarlas, lejos de perder, surgen como grandes ganadores. Ese es precisamente el caso de Nubank que, de la mano de su fundador —el colombiano David Vélez—, se convirtió en muy poco tiempo en el banco nativo digital más importante del planeta. David Vélez era un joven algo impaciente. Luego de haberse criado en Medellín, de estudiar en un colegio alemán de Costa Rica y graduarse en ingeniería en la Universidad de Stanford, se fue a trabajar a Brasil.


Un día del año 2013 —por entonces ya trabajaba en una empresa financiera en San Pablo— quiso abrir una cuenta bancaria en uno de los grandes bancos brasileños. Por los eternos problemas de inseguridad de América Latina, debió dejar su mochila en un locker y cuando quiso ingresar a la entidad quedó atrapado dentro de la puerta giratoria. Para colmo de males, después de perder tiempo, le pidieron para la apertura decenas de requisitos. Fue entonces cuando, junto a otros dos amigos (una financista brasileña y otro estadounidense), decidieron intentar la utopía de fundar un banco que fuera totalmente digital. Sin esperas, sin burocracia ni obstáculos físicos que le hicieran perder tiempo a quienes querían que les prestaran dinero.


Una década más tarde, David Vélez era uno de los banqueros más respectados del planeta y el hombre con el mayor patrimonio de Colombia. La crisis sanitaria consolidó su negocio de banca digital y si en 2020 Vélez ya apilaba una fortuna de 5200 millones de dólares y Nubank tenía 30 millones de clientes, para 2024 Nubank contaba con 105 millones de clientes y Vélez con 12 mil millones de dólares lo cual, según Forbes, lo catapultó al punto de desplazar al hombre más rico de Colombia, el banquero Luis Carlos Sarmiento.2 Para el 2024, Nubank —además de Brasil— tenía operaciones en Colombia y México y se había convertido en uno de los líderes de la banca digital a nivel global.


Ser nativos digitales y tener la mentalidad siempre dispuesta al cambio fue la clave de Nubank para adaptarse muy rápidamente a los nuevos tiempos. “Una vez anunciado el confinamiento, en 24 horas logramos poner en operación el banco en modo pandemia, pues ya estábamos preparados”, me dijo Vélez en una reveladora conversación en medio de sus numerosos viajes.

La pandemia sin duda contribuyó a disparar a Nubank, pero la clave de su éxito venía desde su nacimiento en Brasil en 2013 cuando inició operaciones en San Pablo, con el objetivo de revolucionar el sistema bancario tradicional al ofrecer servicios financieros digitales sin comisiones.


Como lo cuenta David, con su natural desparpajo, “las grandes entidades tenían cinco bancos en cada país de América Latina y eran dueñas del 85% del mercado. No había competencia y cuando esta falta el consumidor no tiene alternativas. El banco les dice “aguántese” —me dice en su colombiano nativo—. La digitalización acortó todas esas barreras. Para competir contra esos bancos, hubiera necesitado un billón de dólares para montar agencias bancarias en cada esquina. La digitalización, los smartphones y las nubes nos permitieron montar un banco con dos millones de dólares desde una casita en San Pablo, y pudimos competir cara a cara con la mayor empresa financiera americana. Pero, sobre todo, tuvimos la oportunidad de apoyar a nuestros clientes y tener una conciencia más amplia sobre las comunidades donde vivimos”, reafirma el audaz banquero, una de las nuevas fortunas de Latinoamérica.


La fuerza de la necesidad generada por las restricciones impuestas por el covid se convirtió de este modo en el motor de una transformación financiera global que ya se venía gestando, aunque muy lentamente. Una revolución digital que terminó favoreciendo a los más débiles del sistema, las personas pertenecientes a los sectores más perjudicados por la pandemia. Pensemos que, de repente, el mundo quedó confinado entre cuatro paredes y sin acceso al sistema bancario. Por eso los sistemas que ofrecieron transacciones, como billeteras electrónicas y facilidades para que los usuarios informales no quedaran excluidos de la

sociedad, proliferaron.


En el fondo, sin embargo, lo que hizo la urgencia de la pandemia fue develar el clamor de muchísimos ciudadanos que no encontraban en la banca tradicional respuesta a todas sus necesidades… Todos esos hombres y mujeres que estaban excluidos del sistema y que, gracias a los servicios que impulsó la pandemia, terminaron por fin bancarizados. Una frase muy utilizada en el mundo de los negocios y que se repite con frecuencia es que “las crisis son grandes oportunidades”. Aquí esto se hizo evidente porque no solo creó oportunidades, sino que, a partir de ellas, generó toda una revolución.


Buscando cómo cuantificar en cifras el tamaño de esa revolución, encontré un estudio elaborado por la Universidad de Cambridge para el Foro Económico Mundial en 2022 sobre el impacto del covid en las Fintech, donde se muestra que el mayor crecimiento de estas compañías se dio en los países donde fue más estricto el confinamiento durante la pandemia y se reflejó particularmente entre quienes han sido usualmente desatendidos por el sistema: las pequeñas y medianas empresas (PyMes), las personas de bajos ingresos y las mujeres. Fueron ellos quienes se vieron más favorecidos por este vuelco tecnológico que les abrió un camino de oportunidades, a la vez que catapultó a las entidades financieras que supieron afrontar el desafío y convertirse en otras.3


Pero esto solo se pudo dar, al menos así de velozmente, por la tremenda urgencia que se presentó y que nos forzó a hacer un cambio de chip, de mentalidad, para dar cabida a una nueva manera de hacer las cosas, a modificar nuestra forma de hacer transacciones y aceptar un nuevo modelo de banco que ya no tendrá vuelta atrás y que, después de cinco años, sigue desafiando la banca tradicional e impulsando su transformación para no quedar rezagada del mercado.