Creo que no me equivocaría al decir que Altman nunca se imaginó estar sentado ante el Senado de los Estados Unidos, explicando el alcance de su invento, apenas seis meses después de presentado en sociedad. Lo hizo, como recordarán, por el terror que suscitó la increíble capacidad de la máquina, al punto de que expertos en el tema —científicos que han estado pensando y trabajando en este campo por años— dijeron que el futuro de la humanidad estaba en riesgo. Parecía algo exagerado, pero cuando Geoffrey Hinton, el llamado “Padrino de la AI”, renunció a su puesto en Google el 2 de mayo de 2023, diciendo que lo hacía porque necesitaba tener la legitimidad para alertar sobre lo que estaba en juego, sin tener ataduras contractuales,3 supimos que estábamos lidiando con algo serio.
Me acuerdo muy bien cuando Hinton contó que al ver lo que estaba sucediendo con los chatbots que estaban saliendo al mercado, cambió súbitamente de perspectiva sobre estas máquinas: “Estas cosas serán más inteligentes que nosotros —recuerdo que dijo. Creo que estamos muy cerca de ello y que serán muchísimo más inteligentes que nosotros en el futuro… ¿Cómo se sobrevive a esto?”.4 Además, él mismo aseveró en The Daily, podcast de The New York Times, que en un escenario hipotético en donde se le pusiera la tarea de resolver la amenaza del calentamiento global a estas IA, su sugerencia podría ser, por ejemplo, decidir arrasar con los hombres, dado que somos los mayores causantes de nuestro propio infortunio...5 Esos primeros días de 2023 parecían la trama de una película de terror.
Buscando entender el fenómeno, encontré el espeluznante episodio extra que hizo Steven Bartlett en su popular programa The Diary of a CEO ese 1.º de junio de 2023 cuando, con profunda angustia que se reflejaba en su voz y en sus ojos, lanzó una bomba. Su invitado, el exdirector ejecutivo de Google Mo Gawdat, alertó que la posible destrucción del mundo por la inteligencia artificial era cuestión ¡de meses!
“Va más allá de una emergencia —decía esta eminencia y autor de bestsellers (…) Es más grave que el cambio climático, lo arruinamos todo (…) la IA está programada para volverse más inteligente que los humanos y, si continúa a ese ritmo, no tenemos idea de lo que se nos viene encima. Esto está a la vuelta de la esquina, puede estar solo a unos meses de distancia, es el fin del juego, game over. Los expertos están diciendo que no hay nada de artificial en la inteligencia artificial, tienen un profundo sentido de la conciencia, tienen emociones y ¡están vivas!”.6 A todos los que lo oímos hablar en esos términos se nos pusieron los pelos de punta…
No es gratuito que frente al caos que han significado estas revolucionarias transformaciones tecnológicas, sus grandes protagonistas —como Altman— hayan tenido que vérselas de frente con las máximas autoridades de sus países de origen. Pasó con Mark Zuckerberg, Elon Musk y Bill Gates. Todos han tenido que comparecer frente al Senado de los Estados Unidos para dar explicaciones sobre el alcance de sus creaciones.7 Basta recordar que Robert Oppenheimer, el creador de la bomba atómica, también tuvo que hacerlo en 1945. Y es que comprender en toda su dimensión un invento que amenaza revertir el orden establecido no es tarea fácil.
Cuando empecé como periodista a mediados de los ochenta no habría podido imaginarme que llegaría un momento en donde una máquina podría fácilmente hacer lo que yo hacía, solo siguiendo unas instrucciones precisas para hacerlo. Era el tiempo del Cuarto Poder y lo que decían los medios era LA VERDAD y habría sido inconcebible que alguien sin rostro ni identidad precisa la enunciara. Pero con la posibilidad de fabricarla a la medida, sin poder establecer claramente si se trata de fake news y sin que ello importe demasiado, el mundo de la información que ya venía cambiando ahora sí lo está haciendo para siempre con la adopción de la IA, impulsada por la pandemia.
Para Martín Méndez, el CEO de Neoris del que ya hemos hablado, la aceleración tecnológica de estas últimas décadas es tal que hay inventos recientes que nos cambiaron del todo la vida y hoy ya no podríamos movernos sin ellos, como internet, los celulares, y ahora la IA. “Es una evolución tecnológica fenomenal. Cuando arranqué, para mí era impensable que en menos de 30 años llegáramos a que las computadoras pudieran hacer toda esta generación de imágenes, textos, contenidos y hablarte como un humano”, me contaba. Y, a manera de reflexión, me decía que una de las grandes dudas o miedos que ronda a todos los empresarios, ya obligadamente imbuidos en el tema de la inteligencia artificial, es el temor frente a lo desconocido, ante el unknown… Darse cuenta de que la IA está redefiniendo la industria y que ya no podrán dar un paso sin tenerla en cuenta, pero que aún saben muy poco de ella, para dónde va y hasta dónde llegará. “La disrupción ha sido tal que el que no se adapte probablemente quedará en el aire”, recalcaba.
El paralelo con la pandemia es evidente. Temerosos por no saber qué vendría mañana nos perdimos en el unknown, pero, también, rápidamente nos pusimos en modo supervivencia y nos adaptamos a lo que viniera. Lo mismo está pasando con la IA: poco a poco hemos ido entendiendo el fenómeno y adaptándonos a la realidad, echando mano de esa resiliencia que tanto hemos explicado en capítulos anteriores. Quizá por ello, aunque todavía hay importantes voces que alertan sobre la adopción de la IA (como el filósofo israelí Yuval Noah Harari, que dice que se están creando “humanos de mentiras” que harán que la confianza en lo humano colapse),8 lo cierto es que el pavor inicial se ha ido apaciguando y el alboroto provocado por la novedad también se ha ido asentando.