Cuando OpenAI presentó ChatGPT el 30 de noviembre de 2022, no se sabía a ciencia cierta el impacto que tendría. Tras una potentísima campaña de marketing de contenido, ChatGPT alcanzó, en los primeros cinco días después de su lanzamiento, un millón de usuarios. Para que nos hagamos una idea de lo que esto representa, en 1999 Netflix tardó en llegar al mismo millón de usuarios tres años y medio, Twitter dos años en 2006, Facebook 10 meses en 2004 y Spotify cinco meses en 2008. Es como si hubiéramos pasado de la temporada 1 a la 6 de House of Cards en cuestión de segundos…
En enero de 2023, apenas dos meses después de lanzada, tenía ya 100 millones de usuarios y en febrero de 2025, OpenAI informó que ChatGPT había superado los 400 millones de usuarios activos semanales.9 Indudablemente será el avance tecnológico que más dilemas nos planteará en los próximos años.
Hoy podríamos decir que es la segunda gran disrupción de lo que va corrido de este siglo, después de la pandemia. Su impacto es aún más revelador porque no era la primera compañía que desarrollaba programas de IA en el mundo. Imposible no recordar aquella máquina de IBM, la Deep Blue, que le ganó la partida al famoso ajedrecista Gary Kaspárov en 1997, y que tenía la capacidad de memorizar y repetir las mejores jugadas de la historia del ajedrez.10
O a Sophia, la primera máquina humanoide desarrollada en 2015 por Hanson Robotics en Hong Kong, y cuya figura estuvo inspirada en Audrey Hepburn.11 Es más, no me parece inverosímil que MANIAC, el tremendo bestseller de Benjamín Labatut de finales del 2023,12 se haya centrado en los científicos que a lo largo del siglo XX desarrollaron las tecnologías que hoy hicieron posible la consolidación de la IA. Me encantó que MANIAC (Mathematical Analyzer, Numerical Integrator, and Computer) además de revelarnos las obsesiones y “locuras” de sus creadores, fuera una máquina capaz de hacer cálculos más allá de la posibilidad humana, ideada en 1952 por el fabuloso y temerario John von Neumann, en quien se centra el libro. Todo ha estado ahí, solo que hasta ahora lo vimos…
¿Qué hizo entonces que ChatGPT tomara tanto impulso? Diría que fue la tormenta perfecta porque, luego del aislamiento y la imperiosa necesidad de conectarnos durante la pandemia, bastaba que nos ofrecieran un señuelo apetitoso para rendirnos atraídos por su aroma. Nos entregamos a las máquinas, que fueron nuestro respirador artificial.
Como si fuera una metáfora, surgió providencialmente una herramienta tecnológica basada en un modelo de lenguaje, un chatbot que, interpretando nuestras instrucciones, construye textos muy articulados, utilizando las fuentes infinitas que reposan en la red…Nada más apropiado para estos tiempos acelerados en que nos cuesta tanto interactuar con el otro y buscamos una solución rápida para las cosas. (Ahora, que estas fuentes estén plagadas de datos errados, como lo alerta Martín, es otra cosa. Pero no nos adelantemos…).
Las incontrovertibles cifras de ChatGPT han hecho de ella —como veíamos anteriormente— la aplicación para consumidores de más rápido crecimiento de la historia. En marzo de 2023, OpenAI ya estaba lanzando el ChatGPT-4 y cobrando por su uso. Pocos meses después lanzó ChatGPT-4 Turbo (ChatGPT-4o), capaz de procesar y generar texto, imágenes y sonido; y en febrero de 2025, GPT-4.5, donde ha mejorado la precisión, creatividad y capacidad de interacción del modelo. Pese al terror que nos suscita que la app llegue a sobrepasarnos, los usuarios estamos empujando y empujándola para que logre razonar y crear como nosotros mismos lo haríamos.
Aunque la pandemia no fue el causante directo del crecimiento de las tecnologías impulsadas por inteligencia artificial, el escenario de cambio que provocó sí creó un entorno que favoreció su desarrollo e impulsó su velocidad de adopción, pues al acelerar la transición al trabajo remoto y la educación en línea, creció la demanda de herramientas impulsadas por IA como
ChatGPT para el aprendizaje, el entretenimiento y el apoyo al trabajo.
También las empresas e instituciones, al tener que adoptar soluciones digitales a un ritmo sin precedentes, crearon un entorno fértil para que prosperaran las tecnologías de IA. Muchas compañías recurrieron a chatbots de IA para lograr manejar el aumento de consultas en línea de clientes y las empresas tecnológicas se vieron impulsadas a innovar rápidamente para satisfacer las cambiantes necesidades de consumidores y negocios, lo que llevó a grandes avances en IA para hacer las herramientas como ChatGPT cada vez más accesibles y potentes.
Pero como en el terreno fértil de la tecnología, la obsolescencia llega a la velocidad de la luz, rápidamente la competencia sacó al mercado sus propias aplicaciones de IA. Empresas como Anthropic, Google, Meta y Microsoft se apresuraron a lanzar sus propios chatbots, a los que bautizaron, respectivamente, como Claude, Gemini, Llama y Copilot. A la manera del Tour de Francia, cada una de ellas pedalea lo más velozmente que puede y, por turnos, se ha ido haciendo con los premios de montaña.
En marzo de 2024, Anthropic lanzó Claude 3, que logró superar en performance a OpenAI y a Gemini, de Google. Como respuesta, el 9 de abril, OpenAI contraatacó, mejoró su máquina y se hizo con la maglia rosa. Pero tan solo unos días después, el 18 de abril, el poderoso Meta presentó su Llama 3, que mostró un impresionante desempeño, y así ha seguido la competencia entre estos chatbots que, como ya lo estamos viendo, serán capaces de realizar tareas cada día más complejas. No está lejos el día en el que las apps de IA nos ofrezcan interpretaciones y análisis sofisticados de los acontecimientos, basados en la información que encuentren en la red.
Y será una competencia millonaria pues, según dicen los conocedores, lo que permitirá superar las capacidades humanas son más datos y chips ultrapotentes. De hecho, se filtró la cifra de los 100 mil millones de dólares que le costaría a OpenAI y Microsoft construir Stargate, el colosal centro de datos que están desarrollando y que entraría en operación en 2028. No se trata únicamente de almacenar datos o entrenar modelos más complejos, sino de asegurar capacidad computacional suficiente para sostener una nueva era productiva basada en el procesamiento masivo, el aprendizaje automático y la automatización de tareas cognitivas.
Ha sido tan meteórico el ingreso de OpenAI al mundo de los negocios que la valoración de la empresa tecnológica se disparó en 2025 a los 300 mil millones de dólares, tras una nueva ronda de capitalización de 40 mil millones.13 Así que, sin duda, tenemos que prepararnos para que el crecimiento exponencial de la tecnología que vivimos en la pandemia sea apenas un pálido reflejo de lo que vendrá.