La batalla por la lealtad



Esa disrupción que provocó la pandemia en el comportamiento del consumidor no tenía precedentes. Los cambios drásticos en los hábitos de compra, la adopción masiva del comercio electrónico y la creciente exigencia de conveniencia y valor trastocaron nuestras vidas y también las de las empresas, que se vieron obligadas a adaptarse rápidamente e innovar para encontrar nuevas formas de conectar con sus clientes y responder a las exigencias de ese nuevo consumidor.


Y las consecuencias no se hicieron esperar. Con el poder en sus manos —según lo comprobó un estudio de McKinsey—, tres de cada cuatro consumidores exploraron nuevas opciones de compra y más de uno de cada tres (el 39%) cambió de marca, especialmente entre los millennials y la generación Z.1 La incertidumbre y la necesidad de adaptación redujeron las barreras para probar nuevas alternativas, desafiando a las marcas tradicionales a reinventarse para retener a sus clientes en un entorno de creciente competencia.


Hasta las empresas que creían tener el mercado en sus manos tuvieron que encaminar sus estrategias hacia un consumidor más individualizado y exigente. Indagando sobre el impacto de esta disrupción me encontré, por ejemplo, que Netflix —el gigante del streaming que llegó en el 2022 a los 222 millones de suscriptores— enfrentó después una fuerte pérdida de usuarios debido, entre otras razones, a la percepción de que sus recomendaciones algorítmicas no siempre satisfacían las necesidades individuales de los consumidores. Competidores como Disney+ y HBO Max ganaron terreno al ofrecer catálogos más segmentados o centrados en nichos específicos, como franquicias populares y contenido exclusivo.2


En el lado opuesto de la moneda me encontré con el ejemplo de Nike By You, un genial servicio de la reconocida marca de ropa deportiva, a través del cual los consumidores pueden diseñar sus propios zapatos, creado para responder a esos clientes que buscan reflejar su identidad en lo que usan y que crecieron durante la pandemia. Nike capitalizó esta tendencia ofreciendo experiencias únicas, que no solo respondieron a la demanda de personalización, sino que fortalecieron la conexión emocional con la marca.3


Adicionalmente, la sensibilidad a los precios y la incertidumbre económica llevaron a muchos consumidores a priorizar la asequibilidad sobre la lealtad a la marca, especialmente en categorías donde la diferenciación es menos crítica, por ejemplo en las compras al por mayor. A ello se sumó que la adopción digital acelerada y el aumento de las compras en línea expuso a los consumidores a una gama más amplia de marcas que fueron optimizadas para el comercio electrónico, y también que —como lo hemos mencionado anteriormente— la pandemia desencadenó un cambio de prioridad en los valores. “Muchos consumidores empezaron a preferir marcas alineadas con la sostenibilidad, la práctica ética, la salud y el bienestar y esto significó en muchas ocasiones cambiar su antigua marca”, reafirmó Susini.

Un elemento adicional fue la disponibilidad a través de las promociones, en las cuales las marcas más nuevas o retadoras aprovecharon el momento ofreciendo una promoción agresiva, una mejor experiencia digital o simplemente estar más disponibles que la titular. “Se trata claramente de un cambio significativo en el comportamiento del consumidor”, enfatizó el milanés.