No hay propósito sin un líder



“La gente no renuncia a sus trabajos, sino a sus jefes”, me dijo Andrew Winston al citar a su amigo Paul Polman con quien escribió Net Positive. Y no se refería a cualquier persona sino nada menos que al ex CEO de Unilever, toda una autoridad empresarial. “Las empresas también necesitan formar e inspirar a los directivos para que sean administradores”, enfatizaba Andrew. “La cultura empresarial proviene de tener valores claros, enunciarlos y vivirlos. Si deseas una cultura de propósito, necesitas que los líderes demuestren su propósito, lo ejerciten y hablen de ello con regularidad”.


Y lo que debemos tener claro es que la eficacia de un líder depende en gran medida de su habilidad no solo para definir el propósito de la empresa, sino también para comunicarlo de manera clara y motivadora, asegurándose de que todos los miembros del equipo comprendan cómo sus esfuerzos contribuyen a un objetivo común. Ese propósito compartido no solo debe servir como una guía estratégica, sino también para reforzar el compromiso y la cohesión interna, creando un sentido de pertenencia y motivación que inspire tanto a los empleados como a los demás stakeholders a contribuir al éxito colectivo. Pero como me lo recalcaba Walter Susini, “necesita ser auténtico… si eres un líder, debes escuchar y comprender qué significa el propósito para tu empleado y, para ello, debes comunicárselo claramente para que lo integre a la cultura empresarial y luego medir el impacto”.