Cinco años después de ese sacudón universal que representó el aislamiento al que nos sometió la pandemia, si algo me ha quedado claro por mi experiencia al frente de Newlink por más de veinte años, oyendo a los líderes de las organizaciones y empresas para los cuales trabajamos y conversando con todos estos gurús con los que he tenido la oportunidad de hablar para la realización de este libro, es que el propósito compartido se ha convertido en una respuesta clave al mundo de hoy, marcado por rápidas transformaciones sociales, económicas y tecnológicas.
En un contexto donde los empleados buscan más que solo remuneración, y los consumidores valoran cada vez más otras cosas de las empresas, un propósito compartido actúa como un ancla que conecta a los empleados, clientes y otros stakeholders con el producto, las ideas que lo crearon, el por qué hago lo que hago y los valores fundamentales de la organización, promoviendo la confianza, la lealtad y el compromiso a largo plazo. Además, en un mundo donde la sostenibilidad y la inclusión son prioridades, las empresas que buscan un propósito auténtico y socialmente responsable no solo destacan frente a la competencia, sino que también contribuyen a generar un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.
Es por eso por lo que, cuando hablo con los líderes de las empresas con las que trabajamos en Newlink, retomo las palabras con las que uno de los grandes líderes del mundo dio impulso, hace más de seis décadas a una de las más importantes transformaciones de la humanidad. Se trata de Martin Luther King, quien el 28 de agosto de 1963 en Washington, durante la Marcha por el Trabajo y la Libertad se paró frente a 250.000 personas y les compartió su sueño: “I have a dream”, les dijo… Y compartió con ellos su sueño de igualdad, de justicia, de tolerancia, de integración, de unión para todos. Un sueño por el que invitó a todos a trabajar juntos para defender sus valores.
Esas palabras se inmortalizaron y generaron un engagement que dio inicio a un movimiento, a una fuerza histórica que nunca más se detuvo, ni siquiera cuando él ya no estuvo para impulsarla, porque cobró vida propia en el momento en el que todos los actores se unieron alrededor de ese propósito, se identificaron con él, se comprometieron y entendieron que solo juntos lo podían alcanzar.
Con ello generó una serie de conquistas que parecían imposibles. Derechos civiles como el derecho al voto para las personas de color y un camino hacia la igualdad que seguimos transitando hasta el día de hoy… En cada paso del camino, fue su fuerza, su liderazgo y su capacidad de interpretar lo que pensaban, querían y sentían las personas que tenía a su alrededor lo que lo inspiró y le permitió convencer a millones de seguir su camino. Y uso este ejemplo porque creo que es uno de los casos más impactantes de lo que el engagement y la claridad sobre un propósito compartido pueden lograr