Cinco años después de aquel aeropuerto vacío, escribo desde un mundo que sigue siendo nuevo todos los días. La pandemia no cerró: se decantó. Algunos miedos pasaron. Otros se quedaron a vivir con nosotros, disfrazados de "nueva normalidad". Lo que aprendí en este recorrido es que la crisis revela quiénes éramos, pero la forma en que nos adaptamos define en quiénes nos convertimos.
Esa frase — "somos otros" — no es nostalgia ni grito triunfal. Es constatación. Somos otros como individuos, como trabajadores, como consumidores, como ciudadanos, como padres, como hijos. La pregunta abierta no es si cambiamos. Es si vamos a diseñar conscientemente en quién queremos convertirnos, o si vamos a dejar que la inercia lo decida por nosotros.
Yo escribí este libro porque creo en lo primero. Y porque sospecho que cada lector también.