Los cursos online mejoraron sobre el libro: añadieron video, ejercicios, comunidades, certificados. Fueron un avance real en la forma en que el conocimiento llega al estudiante.
El problema es el que revelan sus propias métricas.
Los cursos masivos abiertos en plataformas como Coursera o edX promedian tasas de finalización de entre el 5 y el 15%. Eso significa que entre el 85% y el 95% de las personas que se inscriben no terminan. Y entre quienes terminan, la transferencia real a comportamiento — como vimos en el capítulo anterior — sigue siendo marginal.
No porque los cursos sean malos.
Porque la finalización de un curso no es lo mismo que la aplicación de su contenido. Puedes completar los módulos, pasar los quizzes, obtener el certificado — y seguir sin cambiar nada en la manera en que trabajas.
El formato está diseñado para que aprendas. No para que ejecutes.