"El aprendizaje nunca es un evento. Siempre es un proceso." — Peter Senge
Existe un momento que todo lector conoce.
Es el momento en que cierras un buen libro.
Hay algo en ese instante — una mezcla de satisfacción y de pérdida que es difícil de nombrar exactamente. Satisfacción porque llegaste al final, porque las ideas se asentaron, porque algo en tu manera de ver el tema cambió. Pérdida porque sabes, aunque no lo digas, que esa conexión que construiste con el conocimiento del autor — esa claridad particular de los últimos capítulos — va a empezar a desvanecerse.
No inmediatamente. Pero irremediablemente.
El libro irá al estante. Tú seguirás con tu vida. Y en tres meses, si alguien te pregunta qué aprendiste, recordarás la sensación pero no los detalles. La idea central pero no el argumento. El entusiasmo inicial pero no los pasos concretos.
El libro terminó.
Y con él, en cierta manera, terminó también el acceso al conocimiento que contenía.