Capítulo 1 — Conceptos básicos sobre fisiología y fisiología del esfuerzo



Todo entrenamiento actúa sobre un organismo biológico. Si no entiendes cómo funciona ese organismo, estás adivinando. Este primer capítulo construye las bases fisiológicas que fundamentan todo lo que viene después.


El organismo como sistema integrado. La célula es la unidad funcional básica. Los tejidos, los órganos y los sistemas trabajan de forma coordinada para responder al esfuerzo físico. Los sistemas que más nos interesan como entrenadores son el cardiovascular, el respiratorio y el muscular —los tres grandes protagonistas del rendimiento físico.


El sistema cardiovascular es el sistema de transporte: el corazón bombea sangre con oxígeno y nutrientes hacia los músculos activos y retira los productos de desecho. El volumen sistólico, la frecuencia cardíaca y el gasto cardíaco son los parámetros clave que el entrenamiento modifica. El corazón del atleta entrenado late más despacio en reposo y expulsa más sangre por latido —esa es la adaptación cardiovascular al entrenamiento aeróbico.


El sistema respiratorio garantiza el intercambio de gases: entrada de oxígeno y salida de CO₂. La ventilación pulmonar se regula automáticamente en respuesta a las demandas del ejercicio. El entrenamiento mejora la eficiencia respiratoria y la capacidad de extraer oxígeno del aire en los alveolos.


El sistema muscular es el motor del movimiento. Las fibras musculares se clasifican en tres tipos principales: ST (lentas, resistentes, aeróbicas), FTa (intermedias) y FTb (rápidas, potentes, glucolíticas). La distribución genética de estos tipos de fibras predispone —pero no determina— el perfil de rendimiento de cada atleta. Los mecanismos de reclutamiento, frecuenciación y sincronización de unidades motoras determinan la capacidad de producir fuerza.


Las fuentes de energía para la contracción muscular son tres: la vía fosfágena (ATP-PC, inmediata, sin oxígeno, hasta 10 segundos), la vía glucolítica anaeróbica (rápida, produce lactato, hasta 2 minutos de esfuerzo máximo) y la vía oxidativa aeróbica (lenta, sostenible, para esfuerzos prolongados). La proporción de cada vía activa depende de la intensidad y la duración del esfuerzo.


El capítulo concluye con las respuestas del organismo en condiciones ambientales adversas (calor, frío, altitud) y con el papel del estrés como modulador del rendimiento y la recuperación.