La coordinación es la capacidad de integrar patrones de movimiento con eficiencia y precisión; el equilibrio es la capacidad de mantener o recuperar la posición corporal estable. Ambas son cualidades "de soporte" que potencian la expresión de todas las demás.
La coordinación tiene una base neurológica: depende de la eficiencia de los circuitos del sistema nervioso central y periférico para procesar información sensorial y generar respuestas motoras ajustadas. Las capacidades coordinativas —orientación espacial, ritmo, diferenciación cinestésica, reacción, equilibrio dinámico— son entrenables, especialmente en las fases sensibles de la infancia y la adolescencia.
El entrenamiento de coordinación se realiza con ejercicios de complejidad creciente, variando constantemente las condiciones de ejecución para evitar la automatización prematura. El equilibrio se trabaja progresando de situaciones estables a inestables, de ojos abiertos a cerrados, de estático a dinámico.