Tras la carrera de 1989 en Kona, Mark Allen ganó cinco Ironmans más, consolidándose como el mejor triatleta de la historia. Dave Scott se retiró, pero regresó años después para competir en la categoría de veteranos con la misma intensidad, demostrando su profunda relación con el deporte. La rivalidad dejó una marca permanente en ambos atletas y en el deporte de resistencia, mostrando que no hay un único camino al éxito, sino que cada atleta debe encontrar su propia arquitectura psicológica para rendir al máximo.