El punto 2 destaca que el entrenamiento deportivo se fundamenta en evidencia científica que integra múltiples factores. Esto significa que no solo se basa en la experiencia o intuición, sino que considera datos y estudios sobre cómo el cuerpo responde al ejercicio, cómo influyen la genética y el entorno, y qué métodos son más efectivos para mejorar fuerza, resistencia y habilidades motrices. Además, se toman en cuenta aspectos contextuales y metodológicos para adaptar el entrenamiento a cada persona y situación. Esta base científica permite diseñar planes más efectivos, seguros y personalizados, evitando errores comunes y maximizando el progreso. ¿Quieres que te explique cómo se aplican estos factores científicos en la planificación práctica del entrenamiento?