Para medir y mejorar la agilidad y velocidad, es clave establecer una línea base objetiva con 3 pruebas específicas:

- Velocidad lineal: por ejemplo, un sprint de 37 metros.
- Agilidad con cambio de dirección: como el T-test o pro-agility.
- Potencia: por ejemplo, salto vertical.

Estas pruebas se aplican con un protocolo claro: calentamiento dinámico de 15 minutos sin fatiga, tres intentos por prueba y registrar el mejor resultado. Se recomienda usar cronómetro manual o sistemas fotoeléctricos y grabar en video para análisis cualitativo.

Se deben realizar al inicio de cada fase de entrenamiento para ajustar la intensidad y progresión de ejercicios según los datos obtenidos. La mejora esperada es de 2-5% en 6-8 semanas, o 1% para deportistas de élite.

Un error común es evaluar en estado de fatiga, lo que distorsiona los resultados. Siempre evaluar con el atleta fresco, al menos 48 horas después de la última sesión intensa.

¿Quieres que te explique cómo interpretar los resultados para diseñar un plan de entrenamiento más efectivo?