El sistema fisiológico clave para el entrenamiento incluye tres grandes protagonistas: cardiovascular, respiratorio y muscular.

- El sistema cardiovascular transporta oxígeno y nutrientes a los músculos activos y elimina desechos. El entrenamiento aeróbico mejora la eficiencia del corazón, que late más lento en reposo pero expulsa más sangre por latido.
- El sistema respiratorio se encarga del intercambio de gases, aumentando la entrada de oxígeno y salida de CO₂. El entrenamiento mejora la ventilación pulmonar y la capacidad de extraer oxígeno.
- El sistema muscular es el motor del movimiento, con fibras de distintos tipos (lentas, intermedias y rápidas) que se reclutan según la demanda. La energía para la contracción proviene de tres vías: fosfágena (rápida y sin oxígeno), glucolítica anaeróbica (rápida con lactato) y oxidativa aeróbica (lenta y sostenible).

Estas adaptaciones permiten al organismo responder mejor al esfuerzo físico, optimizando el rendimiento.

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